Hay películas de ciencia ficción que buscan sorprender con explicaciones; otras, con atmósferas. Aniquilación pertenece con decisión al segundo grupo: su pulso está en la sensación de extrañeza y en la insistente duda como motor narrativo. Alex Garland, cuya trayectoria como guionista y director ya apuntaba a dilemas humanos y existenciales, traduce la primera novela de la trilogía del Área X a un lenguaje audiovisual que prioriza el centro emocional del texto por encima de una copia literal.

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La premisa básica—una bióloga, Lena, interpretada por Natalie Portman, que entra al llamado “shimmer” para investigar la inexplicable reaparición de su esposo (Oscar Isaac) tras una expedición—es el armazón. Pero lo que hace sólida a la película no es tanto la aventura en superficie como la dirección en la que Garland decide mover la cámara: no hacia respuestas limpias, sino hacia el vértigo de lo desconocido. En ese trayecto, la expedición compuesta por cinco mujeres (Portman, Jennifer Jason Leigh, Gina Rodriguez, Tessa Thompson y Tuva Novotny) funciona como un coro variado que permite discutir perspectivas sobre culpa, curiosidad y la compulsión humana por imponer un sentido a lo incomprensible.

Esa apuesta temática viene acompañada de decisiones formales que le dan textura al filme. El diseño de producción y la construcción del mundo, referidos por las críticas que integran este dossier, apuntalan la sensación de extrañamiento: hay una mezcla entre lo orgánico y lo alienante que evita explicaciones literales y prefiere imágenes que operan casi como sueños o pesadillas medidas. El diseño de sonido refuerza esa piel: los ruidos y silencios contribuyen tanto a la tensión visceral como a la atmósfera meditativa. Cuando la película funciona mejor es en esos momentos en los que lo sensorial y lo reflexivo se encuentran y se potencian.

No es casual que varias lecturas comparen la propuesta de Garland con cineastas como Tarkovsky: la referencia no es una cita exacta, sino una vecindad estética y filosófica. Hay en Aniquilación un gusto por la contemplación inquietante y por dejar que las imágenes trabajen como interrogantes en lugar de soluciones. Eso no impide que el filme incorpore elementos de terror físico; hay instancias de peligro y perturbación corporal que anclan la abstracción en lo tangible. Ese equilibrio entre metáfora y amenaza concreta es uno de sus mayores aciertos: otorga peso emocional sin renunciar a una propuesta visual ambiciosa.

Sin embargo, la apuesta también trae sus costos. El ritmo se inclina hacia la reflexión y la sugerencia, lo que puede frustrar a quienes buscan una narración más resuelta o un arco de suspense clásico. La entrega a la ambigüedad exige del espectador cierto grado de tolerancia a la incertidumbre: no todas las preguntas que plantea la película reciben una respuesta cerrada, y esa ausencia puede sentirse como abandono para parte del público. Asimismo, la decisión de centrar la experiencia en atmósferas y sensaciones deja poco espacio para desarrollos narrativos convencionales; para unos, es libertad creativa; para otros, una renuncia a la claridad.

Es importante subrayar que aquí no se pretende evaluar cada actuación en detalle más allá de lo que permiten las fuentes: la fuerza del elenco radica en la composición grupal y en cómo la idea de una expedición predominantemente femenina reconfigura la lectura de la historia, sin forzar discursos ni militancias explícitas. La posibilidad de leer la película en clave simbólica —sobre identidad, autodestrucción y la imposibilidad de domesticar lo incomprensible— está siempre presente, y Garland se interesa por esa zona gris entre ciencia y mito.

También pesa en el destino del filme su recorrido industrial: aunque estaba previsto un estreno en cines mexicanos, Netflix la adquirió y la distribuyó internacionalmente, un hecho que algunos críticos señalaron como responsable de que la película circulara más por pantallas domésticas que por salas. Esa trayectoria condicionó su visibilidad cultural, pero no la valoración que han hecho críticos que la consideran una pieza sobresaliente dentro de la ciencia ficción contemporánea.

Aniquilación no es una experiencia complaciente. Exige concentración, paciencia y cierta disposición a dejarse incomodar. Para quien acepte ese trato, ofrece recompensas en forma de imágenes memorables, tensión atmosférica y una reflexión sostenida sobre la curiosidad humana frente a lo inexplicable. Para quien busque respuestas cerradas y un ritmo implacable de thriller, la película puede quedarse corta.

Recomendación: Especialmente recomendable para quienes conectan con historias que priorizan la atmósfera y la incertidumbre por encima de la exposición clara; menos adecuada para quienes prefieren un desenlace que ate todos los cabos.

Ficha técnica

Director: Alex Garland
Reparto: Natalie Portman, Oscar Isaac, Jennifer Jason Leigh, Gina Rodriguez, Tessa Thompson, Tuva Novotny
Año: 2018