Hay una honestidad curiosa en la manera en que Amarte articula sus deseos: no pretende construir un tratado sobre la fama, la salud mental o el duelo, sino más bien un refugio donde esas preocupaciones conviven con la ternura y el humor. La premisa —el encuentro entre una actriz hastiada de los reflectores y un creador de cómics que sueña con viajar a Marte— funciona como detonante para una película que mezcla romance, drama y cierta dosis de fantasía con aspiraciones de ciencia ficción.
Cassandra Sánchez Navarro y José María de Tavira componen el eje afectivo del filme. Hay momentos en que la química entre ambos es el motor que empuja la narración: Sánchez Navarro aporta una mezcla creíble de vulnerabilidad y resistencia ante la exposición pública, mientras que De Tavira encarna a un soñador metódico cuya imaginación sirve de refugio frente a traumas pasados. La relación entre los personajes evita el melodrama fácil gracias a esa ternura contenida, aunque en ocasiones el vínculo se apoya tanto en la complicidad actoral que deja preguntas sobre la verosimilitud dramática.
Roberto Girault, que firma guion y dirección, apuesta por un tono que quiere ser ligero y a la vez sensible. Esa ambición es loable: la película explora la idea de que la imaginación puede ser tanto salvavidas como evasión. Sin embargo, el guion tropieza cuando intenta profundizar en los elementos más delicados. Las reflexiones sobre salud mental y la identidad aparecen con intención, pero suelen quedarse en la superficie; algunos giros emocionales y ciertas líneas de diálogo suenan convencionales o repetitivas, lo que diluye el impacto de las tensiones que la película quiere abordar.
En lo técnico la película encuentra sus mejores momentos. La fotografía de Carlos Aguilera destaca por un manejo del encuadre que dosifica información y establece puentes visuales entre la fantasía y la realidad: los planos permiten que lo imaginado respire sin imponerse, y esa distancia medida ayuda a que los efectos de ensueño conserven una textura íntima en lugar de volverse artificiosos. El diseño sonoro y la música, a cargo de Dan Zlotnik, cumplen su cometido pero resultan desiguales: hay secuencias donde el acompañamiento musical eleva la escena, y otras en las que la partitura se percibe algo impostada respecto al tono general.
El reparto secundario aporta solidez cuando la historia lo necesita; la presencia de los hermanos que acompañan a Celestino introduce una dimensión lúdica y familiar que suaviza los momentos dramáticos. Aun así, la película cojea en el ritmo: con 96 minutos busca mantener un pulso ágil pero a veces se diluye en episodios que no terminan de conectar entre sí, lo que refuerza la sensación de que el material podría haber dado más si el guion hubiera preferido el compromiso con una sola vía narrativa en lugar de tantear varias.
Amarte brilla cuando se deja llevar por la ternura y la observación íntima. Las escenas más efectivas se sostienen en pequeños detalles —miradas, silencios, gestos— y en la relación entre la fama como jaula y la imaginación como salida. En cambio, el filme pierde potencia cuando intenta integrar ideas complejas sin el espacio suficiente para desarrollarlas: la metáfora del viaje a Marte es potente en papel, pero la carga simbólica no siempre se traduce en una exploración dramática profunda.
Las intenciones están claras: es una película que busca reconciliar el deseo de evasión con la necesidad de enfrentar el dolor. En esa búsqueda hay hallazgos auténticos, sobre todo en el trabajo de los protagonistas y en la puesta en imagen. También hay asperezas: diálogos que suenan escritos con urgencia, momentos de ingenuidad humorística que funcionan por ratos y una voluntad de tocar temas delicados que por su brevedad queda en el esbozo.
Estrenada en salas mexicanas el 22 de octubre de 2026 y presentada como función de clausura en el Hola México Film Festival en Los Ángeles, Amarte es una propuesta de tono amable que se agradece por su intención y por la honestidad de sus intérpretes. No es una película que reescriba el género, pero sí ofrece instantes de calidez y cierta originalidad en la mezcla de cómic, romance y fantasía que la hacen digna de atención.
Calificación: ★★★★☆ (4 de 5 estrellas)
Recomendación: Especialmente recomendable para quienes valoran las historias íntimas que privilegian la química actoral y la sensibilidad visual por encima de los fuegos artificiales; puede resultar menos satisfactoria para espectadores que busquen un tratamiento profundo y riguroso de los temas de salud mental o una comedia romántica de ritmo más convencional.
Ficha técnica
Director: Roberto Girault
Reparto: Cassandra Sánchez Navarro, José María de Tavira, Jesús Zavala, David Chocarro, Andy Zuno, Cynthia Klitbo, Damayanti Quintanar, Daniel Martínez
Duración: 96 minutos
País: México
Año: 2026






















