El panorama del cine mexicano contemporáneo ha encontrado una evidente zona de confort en la comedia romántica, el drama con tintes de denuncia sociopolítica y, por supuesto, las narrativas que orbitan alrededor del crimen organizado. Por ello, la llegada a las carteleras de una propuesta que decide alejarse diametralmente de estas tendencias para sumergirse de lleno en las turbias aguas del thriller psicológico es, de entrada, un movimiento que exige atención. La nueva cinta dirigida por J. Xavier Velasco se presenta como una promesa oscura, un intento por explorar la génesis de la violencia desde una óptica puramente clínica y mental. Sin embargo, el resultado en pantalla demuestra que las grandes ambiciones requieren una brújula narrativa igual de precisa para no perderse en su propio laberinto.
La cinta que nos trae Cinépolis Distribución traslada a una versión sofocante y gris de la Ciudad de México, donde un asesino en serie acecha las calles dejando a su paso un rastro de violencia brutal firmado con delicadas figuras de origami. Desde los primeros minutos, la dirección de Velasco establece una visión clara: construir una atmósfera opresiva que se respira en cada rincón del encuadre. El diseño de producción y la ambientación logran despojar a la capital de su habitual bullicio folclórico para transformarla en un coto de caza sombrío, casi atemporal, que encierra a sus habitantes. Esta hostilidad visual es complementada de manera brillante por un diseño sonoro y una musicalización que no recurren al susto fácil, sino que construyen una tensión prolongada a través de silencios incómodos y estridencias abruptas, marcando un ritmo inicial que atrapa al espectador y promete una experiencia inmersiva.
No obstante, el pilar sobre el que descansa toda esta construcción estética es un guion que, lamentablemente, comienza a fracturarse bajo el peso de sus múltiples intenciones. Escrito por Fernando Barreda Luna tras un evidente e intensivo proceso de investigación sobre trastornos psicológicos y traumas infantiles, el texto busca desesperadamente huir del sensacionalismo. Su objetivo no es regodearse en la sangre, sino diseccionar los motivos del victimario. El problema radica en que, en su afán por dotar de profundidad a la obra, la historia se sobresatura de conceptos, traumas complejos y subtramas que compiten por el protagonismo, asfixiando la premisa principal y desviando la atención del conflicto central.
Un duelo de mentes fracturadas
Es en el desarrollo de los personajes y en la ejecución del elenco donde esta saturación temática cobra su mayor peaje. Por un lado, Hoze Meléndez ofrece una interpretación de altísima exigencia física y mental al dar vida a Ariel Hoffman, el enigmático asesino. Meléndez logra proyectar el salvajismo impredecible de una mente perturbada, alejándose del arquetipo del genio criminal calculador al estilo hollywoodense para entregar a un individuo crudo, dominado por detonantes emocionales arraigados en el abandono familiar. Su actuación es indudablemente uno de los puntos más altos de la película, logrando generar verdadera incomodidad en la butaca.
Sin embargo, el contrapeso que la historia plantea desde el lado de la ley resulta ser el mayor tropiezo del ritmo narrativo. La persecución recae en los hombros de dos detectives cuyas vidas personales son un caos equiparable al de los crímenes que investigan. Eder Ballesteros, interpretado por un siempre sobrio Andrés Almeida, transita la película lidiando con el colapso de su propio cuerpo, aportando una capa de fatalismo al relato. Pero es el personaje de Nora Sierra, a cargo de Adriana Llabrés, el que termina por descarrilar la progresión natural del misterio. Al introducir la compleja condición de un trastorno de identidad disociativo en la detective principal, el guion se obliga a destinar valiosos minutos a explorar sus múltiples personalidades. Llabrés hace un trabajo notable intentando sostener este reto actoral, pero la narrativa jamás logra integrar de forma orgánica su condición con la caza del homicida; termina sintiéndose como una pieza de otro rompecabezas introducida a la fuerza, lo que estanca el avance de la trama en momentos cruciales.
El peso de las buenas intenciones
A medida que el metraje avanza hacia su resolución, el impecable control del suspense que se presumía en el primer acto desaparece. El impacto intelectual y emocional que prometía la profunda investigación clínica del guionista se diluye en un clímax que, ante la imposibilidad de cerrar satisfactoriamente todas las tramas abiertas, opta por la premura y el caos. La película acelera el paso torpemente para atar cabos, dejando una sensación de vacío y provocando que las reflexiones sobre la falta de empatía y la responsabilidad de la familia en la crianza queden reducidas a meras insinuaciones fugaces.
A pesar de sus notables tropiezos estructurales, resulta imposible descartar esta obra como un fracaso absoluto. Dentro del contexto cinematográfico actual de nuestro país, representa un esfuerzo sumamente valiente por diversificar la cartelera y demostrar que existen los recursos técnicos, el talento actoral y la visión directiva para abordar géneros complejos con seriedad. Las breves pero potentes intervenciones de figuras como Nailea Norvind elevan la calidad de un producto que visualmente compite con producciones internacionales. Es una obra imperfecta, lastrada por su propia necesidad de ser demasiado profunda, pero que deja lecciones valiosas y abre un camino necesario para futuros realizadores que deseen asomarse a la oscuridad de la psique humana.
Calificación: ★★☆☆☆ (2 de 5 estrellas)
Recomendación: Una propuesta que resultará especialmente atractiva para los asiduos consumidores de thrillers psicológicos y atmósferas opresivas que deseen apoyar nuevas exploraciones estéticas en la industria nacional, aunque su sobrecarga de tramas secundarias y su resolución apresurada probablemente frustrarán a los espectadores que buscan un misterio de ritmo constante y desarrollo pulcro.
Ficha técnica
Director: J. Xavier Velasco
Reparto: Adriana Llabrés, Hoze Meléndez, Andrés Almeida, Horacio García Rojas, Nailea Norvind
Duración: No disponible
País: México
Año: 2026














