Hay algo especialmente revelador en ver a Omar Chaparro librando una batalla que va más allá de la pantalla: la de intentar asesinar, de una vez por todas, al ‘payasito’ que el público lleva décadas aplaudiendo. En Venganza, el actor chihuahuense se despoja de las muecas, entierra los chistes y se pone la piel de un hombre que no busca caer bien, sino sobrevivir a un guion que, por momentos, parece estar tan peleado con la lógica como el propio protagonista con sus enemigos.g
Lo más interesante de esta propuesta es observar ese compromiso físico y emocional de Chaparro. Hay algo especialmente honesto en su esfuerzo por construir un personaje serio, contenido y oscuro. Se nota que hay una intención real de cambiar de rumbo, de demostrar que su rango actoral tiene más matices que la irreverencia que lo hizo famoso. Sin embargo, la película encuentra su mayor obstáculo en la dirección de Rodrigo Valdés. A ratos, parece que a Omar le faltó esa guía precisa que transformara su esfuerzo en una actuación verdaderamente convincente; se queda en un «quiero creerte», pero el entorno irreal de la historia termina por diluir su peso dramático. Es un buen camino, sí, pero uno que todavía tiene muchas piedras que pulir.

Entre el carisma de reparto y la villanía de pasarela
Cuando analizamos el ensamble que acompaña a este «Toro» Estrada, nos topamos con un contraste fascinante y, a la vez, frustrante. Natalia Solián, en el papel de Lola, es quien realmente se echa la película al hombro sin necesidad de ser la protagonista. Su interpretación es convincente, orgánica y posee esa fuerza natural de quien no necesita demostrar de más para que el espectador sepa de qué madera está hecha. A su lado, Luis Alberti como Aurelio aporta un respiro necesario; su humor no es el de un bufón, sino el de un hombre real en una situación límite, lo cual se agradece profundamente. Y, por supuesto, Gustavo Sánchez Parra vuelve a dejar claro por qué es uno de los pesos pesados del cine nacional: le bastan un par de escenas para devorar la pantalla y recordarnos lo que es la verdadera presencia actoral.
En la otra cara de la moneda, nos encontramos con una Paola Núñez que parece haber confundido el set de una película de acción con una sesión de fotos para una revista de alta costura. Su interpretación de la general malvada carece de la amenaza y el peligro que el papel exigía; se siente más como una modelo imitando una villana de cómic que como una amenaza real para las fuerzas especiales. Por su parte, Alejandro Speitzer cumple a secas, entregando una actuación que no termina de inyectar la emoción necesaria para que su relación con el protagonista nos importe de verdad. Es un reparto que funciona por partes, pero que se siente descompensado cuando la trama exige una cohesión emocional que simplemente no llega.
La lotería de la lógica en un mundo de acero
Hay algo que debemos poner sobre la mesa sin filtros: la historia de Venganza es, por momentos, un insulto a la verosimilitud. La premisa del comandante que busca justicia tras el asesinato de su esposa se pierde en un mar de incongruencias que harían palidecer al mismísimo John Wick. Si bien las escenas de acción están bien logradas visualmente —gracias en parte a la mano experta de coreógrafos como Diyan Hristov—, la ejecución narrativa las vuelve casi caricaturescas. Es difícil mantener la seriedad cuando vemos a un hombre caer desde un quinto piso para reaparecer seis meses después con apenas un par de rasguños, o cuando la solución para financiar una guerra personal es, literalmente, ganarse el premio más grande de la lotería por un golpe de suerte surrealista.

Ese recurso del «guionazo» conveniente le quita todo el filo al cuchillo de la película. Se intenta emular la invencibilidad de los héroes de acción estadounidenses, pero se olvida que, para que el espectador se involucre, debe haber un sentido de peligro real. Aquí, los GAFES parecen ser de titanio; soportan puñaladas, disparos y caídas al vacío como si fueran inconveniencias menores. Esta falta de vulnerabilidad hace que, a pesar de la excelente fotografía oscura que logra darle una atmósfera tétrica y necesaria a la cinta, el impacto emocional sea nulo.
Incluso la presentación inicial, con esas ilustraciones que intentan ser vanguardistas, termina por jugar en contra del tono de la película. Si vendes una historia de acción cruda y violenta, recibir al público con lo que parece una caricatura de plataforma de streaming es una decisión que invita más a cambiar de canal que a quedarse en la butaca. Al final, Venganza queda como un espectáculo técnico digno de admirar por su factura visual y sus balaceras, pero que se queda corto como obra cinematográfica debido a un libreto que prefiere la pirotecnia fácil por encima de una narrativa con sentido.
Calificación: ★★☆☆☆ (2.5 de 5 estrellas)
Recomendación: Especialmente dirigida a los seguidores incondicionales de Omar Chaparro que quieran verlo en una faceta totalmente distinta o para quienes buscan una dosis de adrenalina visual sin hacerse muchas preguntas sobre la lógica de la historia. Si buscas un cine de acción con mayor profundidad o coherencia, quizás esta no sea tu mejor opción en cartelera.
Ficha técnica Director: Rodrigo Valdés Reparto: Omar Chaparro, Alejandro Speitzer, Natalia Solián, Luis Alberti, Gustavo Sánchez Parra Duración: 105 minutos País: México Año: 2026















