Entrar a ver Scream 7 es, en muchos sentidos, presenciar un ejercicio de supervivencia corporativa más que una propuesta cinematográfica sólida. Tras el caos que rodeó la salida de Melissa Barrera y Jenna Ortega, la producción se vio forzada a tirar de la cuerda de la nostalgia con una desesperación que se siente en cada minuto de metraje. Lo más interesante de esta entrega no es quién está detrás de la máscara, sino cómo la película intenta convencernos de que Sidney Prescott sigue siendo el centro de un universo que, honestamente, ya parecía haber encontrado un nuevo ritmo sin ella.

Hay algo especialmente honesto en la forma en que el guion intenta justificar el regreso de Neve Campbell, pero esa honestidad no salva a la cinta de sentirse como un «Frankenstein» narrativo. La película encuentra su fuerza únicamente en el carisma residual de su protagonista, pero fuera de eso, camina por un terreno pantanoso.ç
La dirección de Kevin Williamson, aunque respetuosa con el legado que él mismo ayudó a crear, carece de la mordacidad y la agilidad que Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett le habían inyectado a las dos entregas anteriores. Lo que antes era un homenaje fresco al género, aquí se siente como un eco de algo que ya escuchamos hace veinte años.
Un guion que sobrevive a base de parches
En el análisis más puramente cinematográfico, el problema principal radica en un ritmo que se siente irregular. Se nota demasiado que la historia tuvo que ser reescrita a contrarreloj. Los personajes secundarios, que deberían servir para renovar la sangre de la franquicia, son apenas siluetas que pululan por la pantalla esperando su turno para encontrarse con el cuchillo de Ghostface. Isabel May, como la hija de Sidney, hace lo que puede con un material que la obliga a ser una copia al carbón de los traumas de su madre, sin permitirle construir una identidad propia que realmente nos importe.

La fotografía y el diseño de producción, si bien cumplen con los estándares de Hollywood, no logran ocultar la falta de ideas nuevas. Hay un uso excesivo de referencias metacinematográficas que, en lugar de ser inteligentes, resultan agotadoras. Ya no estamos ante una película que se burla de las reglas del cine de terror, sino ante una película que se burla de sí misma por no saber cómo salir del bucle en el que está metida. La tensión, que debería ser el motor de un slasher, se diluye en diálogos explicativos y situaciones que desafían la lógica más básica del sentido común, incluso para los estándares del género.
El agotamiento de una fórmula que pide descanso
El tercer acto es, quizás, el punto donde la decepción se vuelve más evidente. Scream siempre se caracterizó por sus revelaciones finales que, aunque a veces descabelladas, tenían una lógica interna perversa. Aquí, el desenlace se siente como un recurso de emergencia. La resolución del misterio es tan convencional que llega a ser predecible media hora antes de que ocurra. Es frustrante ver cómo una saga que nació para subvertir las expectativas se conforma ahora con cumplir el expediente de la manera más perezosa posible.

Al final del día, lo que nos queda es una película que vive de las rentas. Los fanáticos más nostálgicos podrían encontrar un consuelo momentáneo en volver a ver a Sidney Prescott en pantalla, pero es un consuelo amargo. La sensación general es la de estar viendo una función de despedida que se alargó demasiado por culpa de los berrinches de producción. Scream 7 no es solo la peor calificada por la crítica internacional por una cuestión de números; lo es porque ha perdido el alma en el proceso de intentar salvar los muebles.
El cine de terror ha evolucionado, el público ha cambiado, pero Ghostface parece atrapado en un museo de cera. Si esta es la forma en que la franquicia piensa continuar, quizás el mejor giro de tuerca sería, finalmente, colgar la máscara y dejar que el recuerdo de las entregas anteriores sea lo que perdure. Por ahora, Sidney ha vuelto, pero la chispa se ha ido.
Calificación: ★★☆☆☆ (2 de 5 estrellas)
Recomendación: Solo para completistas de la saga que no pueden dejar pasar una entrega sin verla. Si buscas una renovación del género o la adrenalina de las películas anteriores, es probable que salgas de la sala con una sensación de vacío.
Ficha técnica Director: Kevin Williamson Reparto: Neve Campbell, Isabel May, Courteney Cox Duración: 114 minutos País: Estados Unidos Año: 2026















