México firmó una noche redonda en el Estadio Azteca con una actuación de autoridad, contundencia y dominio progresivo que terminó en un claro 3-0 sobre República Checa, en un partido que fue creciendo a favor del Tricolor hasta convertirse en una fiesta total para la afición.
Desde los primeros minutos el encuentro dejó claro que no sería sencillo. Apenas al minuto 7’, Denis Višinský encendió las alarmas con un disparo cruzado que pasó muy cerca del arco mexicano, un aviso temprano de que los europeos no venían a especular.
México reaccionó rápido. Al 10’, el equipo nacional respondió con presencia en el área rival, donde Julián Quiñones y Raúl Jiménez estuvieron cerca de abrir el marcador, aunque sin precisión en la definición. El Tricolor empezaba a tomar el control del partido.
La insistencia mexicana continuó con intentos de media distancia, como el de Israel Reyes al 36’, que se fue apenas desviado. Minutos después, al 39’, Roberto Alvarado tuvo la más clara del primer tiempo dentro del área chica, pero voló su remate cuando ya se cantaba el gol. México dominaba, pero el marcador seguía cerrado.
Antes del descanso, al 45+3’, el Tri volvió a perdonar otra oportunidad clara, dejando el partido 0-0 al medio tiempo pese a su superioridad en volumen ofensivo.
En el complemento, el inicio fue más parejo, con un intento de República Checa al 46’ mediante Pavel Šulc, pero sin mayor peligro para Raúl Rangel, quien resolvió sin problemas.
El partido cambió definitivamente al 55’, cuando Mateo Chávez rompió el cero con una gran descolgada desde media cancha y una definición cruzada impecable. El Azteca explotó: México por fin reflejaba en el marcador lo que ya había mostrado en el trámite.
El golpe fue definitivo. Al 61’, tras una serie de rebotes en el área, volvió a aparecer Julián Quiñones, quien marcó el 2-0, repitiendo su olfato goleador en el torneo y dejando el partido prácticamente sentenciado.
Con el control total del juego, el ambiente se volvió de fiesta. Al 73’, la afición coreó con fuerza el nombre de Guillermo Ochoa, quien ingresó al campo al 78’ entre una ovación monumental, sumando otro capítulo emotivo a su histórica trayectoria de seis Mundiales.
El cierre fue todavía más simbólico. En el agregado, al 90+54’, Álvaro Fidalgo marcó el 3-0, sellando una noche perfecta para el conjunto mexicano.
México no solo ganó: dominó, insistió, corrigió su falta de contundencia inicial y terminó arrollando a su rival en un segundo tiempo impecable. El Azteca lo entendió así: fue una exhibición completa, con goles, emociones y una afición que convirtió el partido en una auténtica celebración mundialista. 🇲🇽🔥














