En medio del aumento de diagnósticos que llevó a Fiyi a declarar una emergencia nacional por VIH, autoridades y organizaciones sanitarias han puesto atención en una práctica de consumo llamada “bluetoothing”: extraer y volver a inyectar sangre de alguien que ya inyectó droga con la esperanza de compartir el efecto.
El gobierno fiyiano ha señalado el fenómeno como uno de varios factores vinculados al repunte de casos: entre enero y junio de 2024 el Ministerio de Salud registró 552 nuevos diagnósticos de VIH y atribuyó 85 de ellos (15%) al uso de drogas inyectables. En 2025, las cifras escaló n hasta 2,016 nuevos casos, y el 15 de septiembre de 2026 el país declaró emergencia nacional por la epidemia.
Expertos sanitarios advierten, sin embargo, que la contribución exacta del “bluetoothing” al aumento no está cuantificada. La Organización Mundial de la Salud realizó en diciembre de 2025 una evaluación rápida en Fiyi y entrevistó a 56 personas que se inyectan drogas: dos dijeron haber practicado “bluetoothing” y cuatro declararon haberlo presenciado, un dato que la OMS interpreta como poca evidencia de que la práctica sea generalizada en el país.
La OMS además advirtió que compartir sangre de esa manera supone un “riesgo excepcionalmente alto” de transmisión de hepatitis B, hepatitis C e infecciones bacterianas graves, y también aumenta el riesgo de transmisión del VIH.
Desde la comunidad y grupos de prevención critican que la atención pública haya llegado tarde. Kalesi Volatabu, directora ejecutiva de Drug Free Fiji, preguntó: “¿Cuántas vidas tenemos que perder antes de que realmente hagamos algo?”, y pidió a gobiernos y organismos de salud respuestas urgentes.
ONUSIDA y su oficina regional han puesto matices: Eamonn Murphy señaló que prácticas similares, como el “flashblood” documentado en Tanzania, no constituyen necesariamente una “tendencia global generalizada”. Al mismo tiempo, la agencia saludó los planes de Fiyi para ampliar medidas de reducción de daños.
La respuesta del gobierno incluye programas de intercambio de agujas y jeringas, pruebas gratuitas de VIH, medicación preventiva para personas en mayor riesgo y tratamiento para quienes resulten positivos. El ministro de Salud, Atonio Lalabalavu, ha dicho que las cifras de 2025 reflejan la gravedad de la epidemia y la necesidad de una respuesta coordinada.
Especialistas consultados por la evaluación de la OMS y por organizaciones comunitarias recuerdan que compartir agujas ya era una práctica conocida en Fiyi y que el “bluetoothing” añade riesgos adicionales por el intercambio directo de sangre. También advierten que documentar la frecuencia real de la práctica requiere estudios más amplios que una evaluación rápida.
Lo que sigue siendo un hecho comprobado es el aumento de la epidemia: las autoridades calculan que en 2026 vive con VIH una de cada 60 personas adultas, frente a una de cada 167 cinco años antes. Lo que todavía no está resuelto es cuánto de ese aumento se explica por el “bluetoothing” en particular, y los datos disponibles no permiten atribuirle una fracción concreta de los nuevos diagnósticos.
Las próximas semanas serán clave para ver si las medidas de reducción de daños, un mayor acceso a pruebas y una mejor recolección de datos permiten aclarar el papel de esta práctica y frenar la curva de contagios en el país.
























