Veinte años después, Miranda Priestly vuelve a la pasarela. Y lo hace en un momento en que el papel impreso parece más fuera de moda que una bolsa de poliéster. ‘El Diablo viste a la moda 2’ tenía todas las de caer en el fácil ejercicio de la nostalgia barata, ese refugio al que tantas secuelas tardías se agarran como un clavo ardiendo. Pero, contra todo pronóstico, la película decide arriesgar. Al menos durante un rato.
Lo más interesante de esta continuación es cómo se atreve a hablar, sin pudor ni medias tintas, de la crisis del periodismo actual. La directora —o más bien el regreso de David Frankel detrás de la cámara— convierte la redacción de Runway en un campo de batalla donde los clics mandan, la calidad se ahoga y el glamour original se mancha de ansiedad digital. Hay algo especialmente honesto en la forma en que la cinta retrata a una Miranda Priestly que ya no es la reina indiscutible de la cadena alimenticia, sino una mujer que negocia con tiburones más jóvenes y despiadados. Meryl Streep sigue siendo un portento: cada vez que abre la boca, uno recuerda por qué este personaje se volvió icónico. Pero también se nota que el guion le pide dulcificarse, humanizarse, perder esa afilada crueldad que hacia temblar a pasantes y editores por igual. Y ahí, quizás, la película comienza a tambalearse.

Porque el primer acto y gran parte del segundo funcionan como un reloj suizo. La fotografía mantiene esa elegancia de alta costura, los vestuarios son un espectáculo en sí mismos, y el ritmo narrativo —acompañado por una banda sonora que sabe cuándo ser sutil y cuándo impostar— logra enganchar. Las nuevas dinámicas entre Andy (Anne Hathaway, más madura y pragmática) y Emily (Emily Blunt, convertida en una caricatura de su propio ego) tienen chispazos de verdadera tensión. Incluso Stanley Tucci, como Nigel, se roba varias escenas con esa mezcla de ternura y puñalada verbal que tan bien maneja.

Pero luego está el final. Y aquí ‘El Diablo viste a la moda 2’ comete un pecado casi mortal: se vuelve cobarde. Después de construir una crítica mordaz al mundo de los medios digitales, de plantar banderas en temas como la compraventa de revistas o el vacío del periodismo patrocinado, la película decide soltar lastre y optar por una resolución fácil, casi de telefilme dominguero. El tercer acto es una colección de deus ex machina y vueltas de campana que terminan por desdibujar a sus protagonistas. Miranda, que prometía una reinvención más compleja, se queda en un esbozo. Andy da bandazos emocionales que no terminan de cerrar. Y Emily… bueno, Emily parece sacada de un sketch de comedia de situación.
Hay algo frustrante en ver cómo una película que durante dos tercios de metraje se atreve a ser distinta, con personajes que se muerden y se traicionan, acaba desinflándose en favor de una sonrisa bonachona y un cierre empalagoso. Los giros que intentan sorprender resultan predecibles, y las subtramas románticas o inmobiliarias de Andy solo alargan innecesariamente un reloj que ya roza las dos horas. Uno quiere más puñaladas por la espalda y menos abrazos reconciliadores. Quiere el Diablo original, no una versión domesticada lista para vender colonias en el aeropuerto.
¿Por qué entonces no es un desastre?
Porque cuando la película se olvida de complacer a todos y se permite ser ácida, brillante y veloz, nos recuerda por qué amamos este universo. Hay diálogos que cortan, interpretaciones que sostienen el desfile y una dirección artística que justifica cada centavo del presupuesto. Pero la sensación final es la de un vestido de alta costura mal rematado en la bastilla: se ve bien de lejos, pero al examinarlo de cerca notas los hilos sueltos.
‘El Diablo viste a la moda 2’ no es una mala secuela. Es, más bien, una secuela a medias. Valiente durante sus primeros compases y timorata cuando más necesitaba mantener el tipo. Los fans de la primera entrega encontrarán motivos para sonreír, y los recién llegados no se aburrirán. Pero aquellos que esperaban una actualización tan feroz como la original se quedarán con la sensación de que, esta vez, el diablo ha vestido de Bershka.
Calificación: ★★★☆☆ (3 de 5 estrellas)
Recomendación contextual: Especialmente recomendable para quienes disfrutaron de la primera película y sienten curiosidad por ver cómo el mundo de la moda y el periodismo encaran la era digital, aunque conviene bajar las expectativas sobre la contundencia de su desenlace. No es para quienes buscan una comedia ácida sin concesiones.
Ficha técnica
Director: David Frankel
Reparto: Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt, Stanley Tucci
Duración: 118 minutos
País: Estados Unidos
Año: 2026















