Con un panorama cinematográfico cada vez más dominado por superproducciones de acción, adaptaciones de videojuegos y franquicias de terror, la comedia pura parecía haber quedado relegada al olvido o al terreno del streaming. Sin embargo, ‘¿Y dónde está el policía?’ (The Naked Gun) marca un regreso inesperado pero necesario al humor paródico que caracterizó a las comedias de los años 80 y 90. Dirigida por Akiva Schaffer, responsable de títulos como Popstar: Never Stop Never Stopping, esta nueva entrega funciona tanto como secuela como reinicio espiritual de la saga original encabezada por Leslie Nielsen.

En esta ocasión, el protagonista es Liam Neeson, en un giro sorprendente hacia la comedia física y el humor absurdo. Interpreta a Frank Drebin Jr., hijo del mítico detective torpe pero eficiente, y logra de forma efectiva desprenderse de su imagen de héroe de acción para abrazar la autoparodia con convicción. Su actuación, que juega con el contraste entre su presencia seria y los gags ridículos que enfrenta, se convierte en uno de los ejes más sólidos de la propuesta. Lo acompaña un elenco que incluye a Pamela Anderson, Paul Walter Hauser, Danny Huston y CCH Pounder, todos con intervenciones bien calibradas dentro del tono disparatado de la película.
El guion, escrito por el propio Schaffer junto con Dan Gregor y Doug Mand, logra recuperar el espíritu original de la saga: una combinación de sátira policial, humor físico, juegos de palabras y referencias metacinematográficas. Aunque la trama se sostiene sobre un argumento típicamente absurdo —una amenaza global liderada por un magnate tecnológico con planes delirantes—, lo relevante aquí no es la historia en sí, sino la manera en que se burla de los tropos del cine de acción y suspenso. El ritmo es eficaz en su primera mitad, con una batería de chistes constantes que remiten directamente al estilo de los hermanos Zucker. La segunda parte, sin embargo, pierde algo de agilidad narrativa al intentar darle más peso a la estructura tradicional de un thriller, pero sin desentonar del todo con el tono general.

La dirección de Schaffer demuestra un conocimiento profundo del lenguaje de la parodia, desde los recursos visuales hasta la sincronía cómica. Su trabajo se apoya también en una fotografía clara y funcional a cargo de Brandon Trost, quien utiliza encuadres deliberadamente convencionales para contrastar con el absurdo de lo que ocurre en pantalla. El diseño de producción opta por escenarios que remiten al cine noir y a los procedimientos policiacos televisivos, lo cual refuerza la ironía inherente a cada escena.
La banda sonora de Lorne Balfe cumple con su función sin destacar demasiado, pero acompaña con eficiencia el tono irónico de la narración. En momentos clave, la música refuerza los guiños humorísticos con arreglos que imitan la grandilocuencia de los thrillers clásicos, subrayando así la intención paródica.

El impacto general de ‘¿Y dónde está el policía?’ reside en su osadía de rescatar un género prácticamente extinto del panorama mainstream: la comedia absurda sin pretensiones. Si bien no alcanza el nivel de genialidad de las primeras entregas de la saga, ni de las mejores obras de Mel Brooks o David Zucker, ofrece una experiencia cinematográfica refrescante, especialmente en una cartelera saturada de solemnidad. Su modesto desempeño en taquilla podría hacer peligrar la continuidad del proyecto, pero su valor reside en su capacidad para reabrir un espacio a la risa desprejuiciada en la pantalla grande.
Akiva Schaffer entrega un homenaje sincero y eficaz a una forma de hacer cine que parecía condenada al olvido. Si el público responde con entusiasmo, no solo estaremos asistiendo a un revival nostálgico, sino al resurgimiento de un tipo de comedia que, aunque pasada de moda para algunos, sigue siendo necesaria. Y es que, en tiempos tan serios, el absurdo también merece su lugar.














