Ciudad de México, 1 de agosto de 2025.– El cine de terror sobrenatural recibe una nueva entrega con The Ritual, película escrita y dirigida por David Midell, que apuesta por una mirada sobria y contenida al fenómeno de la posesión demoníaca. Protagonizada por Al Pacino y Dan Stevens, la cinta se inspira en hechos reales ocurridos en Iowa en 1928, uno de los casos más documentados de exorcismo en la historia estadounidense. Pese al interés que despierta su premisa y la presencia de figuras reconocidas, el resultado final se diluye en una narrativa monótona, predecible y carente de emoción, que impide a la película consolidarse como una propuesta relevante dentro del género.

Basada en los registros del caso de Emma Schmidt, una mujer que fue sometida durante cuatro meses a rituales de exorcismo a manos del fraile capuchino Theophilus Riesinger, The Ritual reconstruye los hechos desde una perspectiva contenida, priorizando el drama humano por encima del horror visual. Al Pacino, interpretando al experimentado exorcista Riesinger, asume un rol con sobriedad pero sin la fuerza interpretativa que suele caracterizarlo. Su acento forzado y la rigidez de su personaje lo convierten en una figura simbólica más que emocionalmente activa. Por su parte, Dan Stevens da vida al joven sacerdote Joseph Steiger, sin que su personaje logre destacarse más allá de cumplir una función estructural en la narrativa. La actriz Abigail Cowen, en el papel de Emma Schmidt, entrega una actuación física comprometida, aunque el guion no le permite explorar en profundidad las capas emocionales de su personaje. El elenco secundario, si bien funcional, permanece en segundo plano sin mayor desarrollo.

La dirección de Midell se caracteriza por un enfoque sobrio y casi clínico. Si bien busca alejarse de los recursos tradicionales del cine de terror, el ritmo resulta plano y la tensión narrativa carece de progresión. El tratamiento visual es correcto, con una fotografía apagada que refleja la opresión de la época, y un diseño de producción que recrea de manera eficaz la Iowa rural de los años veinte. No obstante, la propuesta visual carece de personalidad propia y no se atreve a ir más allá de lo convencional. La música, compuesta por Jason Lazarus y Joe Trapanese, acompaña sin destacar. Se apoya en tensiones mínimas y sonidos atmosféricos que no aportan una identidad sonora distintiva ni elevan la experiencia cinematográfica.

El guion, también a cargo de Midell, se apega con rigidez a los hechos históricos documentados, lo cual aporta verosimilitud pero limita la creatividad narrativa. El desarrollo de los personajes es superficial, los diálogos mecánicos y la estructura predecible. Aunque la intención es ofrecer un retrato serio y reflexivo de un caso real de posesión, la cinta nunca profundiza en los dilemas éticos, teológicos o existenciales que podrían haberle otorgado mayor profundidad. A pesar de que la película se anuncia como «la historia real que inspiró El Exorcista«, lo cierto es que carece del impacto emocional y simbólico que convirtió al clásico de William Friedkin en una referencia obligada del cine de horror.

En el contexto actual del género, The Ritual se posiciona como una propuesta formalmente cuidada pero sin la fuerza necesaria para destacar. Su tono excesivamente serio, la falta de riesgo visual y narrativo, y un enfoque dramático que no termina de cuajar, la convierten en una película que se toma muy en serio a sí misma, pero que olvida entregar emoción, intensidad o tensión genuina. Ni siquiera la presencia de una figura legendaria como Al Pacino consigue salvar una obra que, más allá de su fidelidad documental, se pierde entre los límites de una ejecución que nunca se atreve a romper el molde.















