El cine de terror mexicano lleva años intentando encontrar un punto medio entre la originalidad y la fórmula comercial. No me sigas, la primera producción original en español de Blumhouse, llega con una promesa poderosa: combinar el horror clásico con la obsesión moderna por la fama instantánea. La idea, al menos sobre el papel, parece ideal para un estudio que ha demostrado que el miedo funciona mejor cuando se apoya en la psicología social antes que en los sobresaltos gratuitos. Sin embargo, el resultado final se mueve entre aciertos puntuales y una ejecución irregular que impide que la cinta trascienda más allá de su premisa.
La historia sigue a Carla, una joven influencer obsesionada con ganar seguidores a través de contenido paranormal. Para lograrlo, decide mudarse a un edificio abandonado donde ocurrieron muertes misteriosas, convencida de que el morbo digital será el trampolín a la fama. Lo que inicia como una farsa bien planeada frente a sus seguidores se convierte en una experiencia que desborda lo que su canal puede controlar. A partir de ahí, la película plantea la pregunta correcta: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar por validación en redes? Pero no siempre consigue desarrollarla con la fuerza que un tema así merece.

La narrativa coquetea con el found footage sin serlo del todo. Hay cámaras fijas al estilo Actividad Paranormal, hay momentos de tensión sugerida en lugar de mostrada, y hay un intento claro de mantener la acción dentro del departamento como si fuera un escenario cerrado para la ansiedad. El problema no está en la intención, sino en el ritmo: la primera hora se instala en una repetición de situaciones donde el suspenso nunca termina de explotar ni retroalimentar a los personajes. La cinta parece estar en pausa mientras prepara su giro final, y ese estancamiento se siente.
Es justo en el último tramo donde la película se permite arriesgar un poco más. Un plot twist bien trabajado aporta una capa inesperada sobre la relación entre Carla, su audiencia y quienes la rodean. No es una revelación que revolucione el género, pero al menos muestra que el guion tenía ideas más profundas de las que se desarrollaron en pantalla. Lástima que esa madurez llegue tarde, cuando buena parte del público ya ha pasado demasiado tiempo esperando que algo suceda.
En el terreno actoral, Karla Coronado sostiene con solvencia el peso del relato, acompañada por Julia Maqueo y Yankel Stevan, quienes aportan química y matices, aunque algunos vínculos entre personajes queden insinuados pero sin exploración real. El verdadero hallazgo está en la dirección: Ximena García Lecuona y Eduardo Lecuona optan por un terror contenido, más atmosférico que espectacular. Esa elección funciona por momentos, pero también evidencia una paradoja: la película quiere ser una crítica al vacío de lo digital, pero termina ejercitando su propia contención al grado de volverse emocionalmente plana.
Hay, sin embargo, destellos que valen la pena: la crítica al influencer que convierte lo trágico en contenido, la atmósfera decadente del edificio, la incorporación del perro como sensor paranormal —detalle clásico pero efectivo— y la pulcritud formal que evita los sustos fáciles. También hay una curiosidad de producción que merece mencionarse: el equipo realizó un ritual con chamanes antes de grabar para “protegerse” de malas energías, lo cual termina siendo más inquietante que varios momentos de la película.
No me sigas no es un desastre, pero tampoco el nuevo estandarte del terror mexicano. Tiene oficio, tiene ideas, tiene una premisa contemporánea… pero carece del filo necesario para que esas piezas se conviertan en una experiencia memorable. Se puede ver, se puede disfrutar en lo básico, y es probable que funcione entre espectadores jóvenes que buscan una dosis ligera de tensión sin mayores sobresaltos. Pero también deja la sensación de que, con un guion más incisivo, pudo haber sido mucho más.
⭐⭐⭐✩✩ (3/5)















