«Soy Frankelda» representa un hito en el cine mexicano al ser la primera película de género fantástico realizada completamente con la técnica de stop-motion. Dirigida por los talentosos hermanos Arturo y Roy Ambriz, y con el aval de Guillermo del Toro, esta obra inspira orgullo nacional por su manufactura artesanal y por su apuesta narrativa que mezcla fantasía con elementos profundamente mexicanos. La historia, ambientada en el México del siglo XIX, sigue a Francisca, una escritora reprimida cuya voz se niega a morir y que viaja a su propio subconsciente para confrontar a los monstruos que creó en sus relatos, acompañada por un príncipe atormentado que personifica la complejidad entre lo real y lo ficticio.
Desde el punto de vista técnico, «Soy Frankelda» destaca por sus más de 50 escenarios y cerca de 100 personajes, hechos a mano, que frenan la tendencia dominante de la animación digital y rescatan una textura y presencia tangibles únicas del stop-motion. Este detalle artesanal resulta en un texto visual que cautiva y envuelve al espectador en un universo gótico con referencias al folclore mexicano, creando un ambiente único y rico en atmósfera. La dirección de los hermanos Ambriz combina un estilo narrativo que, aunque cercano al cine independiente y alejado del Hollywood convencional, logra conectar tanto con el público general como con críticos especializados.
La acogida crítica ha sido favorable, resaltando la calidad técnica y la valentía estética de la producción. Críticos como Clint Worthington y Molly Henery han alabado la animación por su audacia visual y su capacidad para transmitir la belleza y el poder de las pesadillas, mientras que Dionar Hidalgo destaca el impacto de una narrativa que, aunque a veces recargada, se sostiene por la imaginación y la ambición del proyecto. La recepción popular fue igualmente positiva, encontrando «Soy Frankelda» un espacio destacado en la taquilla mexicana con más de 190 mil asistentes en su debut y una recaudación significativa para un largometraje animado independiente.
En conclusión, «Soy Frankelda» no solo marca un antes y un después para la animación mexicana, sino que también reivindica el cine de autor nacional con una propuesta audaz, artesanal y emotiva. Su combinación de tradición técnica y narrativa culturalmente específica la convierte en un lanzamiento imprescindible para el público que busca innovación y profundidad en la animación.














