La velada marcaba las 21:10 horas cuando las luces de la Arena Monterrey se apagaron y la emoción comenzó a sentirse en cada rincón del recinto. De pronto, Bryan Adams apareció en un escenario alterno colocado entre el público, desatando la euforia inmediata de los asistentes.
Los primeros acordes de Can’t Stop This Thing We Started marcaron el inicio de una noche que prometía ser inolvidable. Así arrancaban poco más de dos horas cargadas de éxitos, energía y conexión total con los regios.
Los clásicos no tardaron en hacerse presentes. Temas como Run to You y Somebody encendieron aún más el ambiente, despertando la nostalgia entre los asistentes que corearon cada estrofa.
El espectáculo visual también jugó un papel fundamental: un show de luces perfectamente sincronizado, acompañado de pulseras luminosas que brillaban al ritmo de cada canción, transformó la Arena Monterrey en un mar de destellos que vibraba al compás del rock.
Tal como ocurrió en su gira de 2024, un elemento volvió a convertirse en protagonista del montaje: un dron sobrevolando el recinto. En esta ocasión, el concepto estuvo ligado a Roll with the Punches, nombre del actual tour. Suspendido en el aire, el dispositivo portaba un guante de box inflable plateado que simulaba el gran “punch” de la noche, reforzando la identidad del espectáculo y arrancando aplausos del público.
El momento con toque mexicano en el escenario.
Cuando parecía que la noche ya había entregado todo, llegó la sorpresa absoluta.
Bryan Adams compartió escenario con talento sonorense e interpretó en español Ando Bien Pedo junto a Estilo Sin Límite.
El canadiense se aventó el tema y la Arena Monterrey simplemente enloqueció. Entre risas, gritos y cientos de celulares grabando el momento, quedó claro que la noche no tenía límites. Ni en los pronósticos más optimistas se esperaba un crossover de esta magnitud, pero Monterrey lo vivió en primera fila.
Un cierre a una sola voz
El tramo final no perdió intensidad. Summer of ’69 fue una de las más coreadas de la noche, convirtiendo el recinto en un enorme karaoke colectivo que confirmó el peso generacional del artista canadiense.
El cierre definitivo llegó con All for Love, interpretada con acordes casi a capela en su parte final, dejando que fuera el público quien tomara el protagonismo. Con una Arena completamente entregada y cantando a una sola voz, el escenario se apagó en punto de las 23:10 horas, poniendo fin a una velada que combinó nostalgia, espectáculo y una sorpresa que ya forma parte de la historia de los conciertos en Monterrey.















