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La fe no debe imponer leyes

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Se tiene que decir con todas sus letras: Los grupos terraplanistas, los anti-aborto, los anti-vacunas y los anti-transgénicos son movimientos neo-oscurantistas que basan sus ideologías en falacias, sofismas y posverdad. Todos sus «argumentos» son plenamente refutables, no debemos permitir que impere su necia ignorancia sobre la sociedad.

No lo podemos negar. La actual legislatura ha entrado en razón en muchos aspectos en materia de derechos humanos, algo que debería de emular el poder ejecutivo federal y dejar de coartar a la prensa libre que le señala sus errores.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación logró despenalizar el aborto y certeramente declaró inconstitucional la falacia de la «protección de la vida desde la concepción», algo ilógico alegado por grupos político-religiosos que buscan influir en el gobierno.

Sin embargo, de nuevo los derechos humanos de la mujer tuvieron un revés, cuando la SCJN resolvió que la “objeción de conciencia” de los médicos no viola la Constitución, siempre y cuando no ponga en riesgo la vida del paciente o se trate de una urgencia médica. Algo ilógicamente contradictorio.

El propio Arturo Zaldívar, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, publicó en sus cuenta de Twitter que “Permitir la #ObjeciónDeConciencia sin regulación clara, significaría avalar un mecanismo para burlar el derecho de las mujeres a la interrupción legal del embarazo que acaba de reconocer de manera unánime la #SCJN”.

Y tiene toda la razón, pues así como nadie tiene porque obligar a una mujer a que aborte, igualmente nadie debe poder negárselo, pues atentaría directamente contra sus derechos y libertades personales.

Recordemos que la “objeción de conciencia” es una falacia basada en sofismas para obstruir los derechos de la mujer; pues se sólo basa en las creencias “morales” del médico o enfermeros para poder bloquear las libertades de las mujeres.

No corresponde a ninguna legislatura fijar el “origen de la vida humana”, pues eso es un concepto social, pues recordemos que para la biología el feto, el embrión o el cigoto no son una persona, mucho menos un individuo. Que en un par de libros de embriología los autores los mencionen como “personas”, sólo pone en evidencia una opinión netamente personal y particular, un sesgo de información que ya ha sido ampliamente refutado.

Como ya lo dijo el ministro del poder legislativo Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena: “Es claro que el embrión y el feto deben ser reconocidos como bienes constitucionalmente relevantes y deben protegerse de acuerdo con esa dignidad y carácter; sin embargo, su protección no puede competir plena e incondicionalmente con la de las personas nacidas”.

Incluso hubo grupos de mujeres que estaban en contra de que los hombres opinaran o votaran sobre el tema del aborto, sólo por no tener útero. Tan ilógico e irracional como querer que sólo los que han padecido cáncer puedan opinar sobre el cáncer. Pero así es la cosa cuando gente inculta e ignorante intenta censurar a otros.

La lucha por los derechos humanos y las libertades personales no es una guerra ya ganada, hay muchas batallas por lidiar, y el principal obstáculo que hay es la fe y creencias de muchos, y si no lo creen, sólo vean en Afganistán como les va, o vean como estaba México en 1935 cuando los cristeros asesinaban maestros rurales por enseñar biología en las escuelas.

Ahí se las dejo de tarea.

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