El bloque conservador formado por la Unión Cristiano Demócrata (CDU, por sus siglas en alemán), el partido de centro-derecha de Merkel, y la Unión Social Cristiana (CSU, por sus siglas en alemán) de Baviera, registró su peor resultado en casi 70 años, aunque seguirá siendo mayoría en el parlamento.

Su actual socio de la coalición, el social demócrata SPD, anunció que se convertirá en oposición después de sufrir una derrota histórica.

El partido nacionalista Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en inglés) ganó sus primeros peldaños en el Parlamento y se posicionó como la tercera fuerza, un resultado que provocó protestas.

Decenas de manifestantes se reunieron en las afueras de la sede del partido de derecha en Berlín, algunos con carteles que decían «Los refugiados son bienvenidos».

También hubo protestas en Fráncfort y Colonia.

A pesar de los tantos acontecimientos que rodearon estas tan polémicas elecciones donde todo el mundo colocaron sus ojos en Alemania los resultados preliminares de las elecciones fueron

33% CDU/CSU (coalición de Angela Merkel)

20,5% SPD (Partido Social demócrata)

12,6% AfD (Alternativa para Alemania)

10,7% FDP (Partido Liberal)

9,2% Izquierda

8,9 Verdes

Bundeswahlleiter (Oficina Electoral de Alemania)

Si se confirman, las cifras son el peor resultado para la alianza entre los demócratas cristianos (CDU) y la Unión Social Cristiana (CSU) desde 1949, cuando por primera vez se celebraron elecciones nacionales en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial.

Al dirigirse a sus seguidores, Merkel dijo que esperaba «un mejor resultado», pero que su partido asumiría la responsabilidad del mandato con calma.

Merkel indicó que escuchará «las preocupaciones y ansiedades» de los que votaron por AfD para ganar su apoyo nuevamente.

Detalló que su gobierno tendría que ocuparse de cuestiones económicas y de seguridad, así como abordar las causas profundas de la migración, una de las principales razones detrás del resultado de AFD.

«Hoy podemos decir que tenemos un mandato para asumir la responsabilidad y vamos a asumir esta responsabilidad con calma, hablando con nuestros socios, por supuesto», menciono Merkel.

La canciller está siendo castigada por recibir a casi 900.000 inmigrantes y refugiados indocumentados, muchos de ellos de países devastados por la guerra, principalmente musulmanes como Siria.

Las encuestas de boca de urna también arrojan que los socialdemócratas (SPD), liderados por Martin Schulz, también tuvieron su peor resultado electoral desde 1949.

Schulz dijo que el resultado significó el fin de la «gran coalición» con la alianza de Merkel.

«Es un día difícil y amargo para los socialdemócratas en Alemania», dijo Schulz a sus seguidores. «No hemos alcanzado nuestro objetivo», declaro.

Con la posibilidad de una alianza con el SPD frustrada, las opciones de Merkel son estrechas, y el proceso de formar una nueva coalición podría tomar meses.

Las proyecciones sugieren que seis partidos estarán presente en el parlamento alemán por primera vez desde los años cincuenta.

No es un matrimonio hecho en el cielo, ya que los verdes quieren eliminar 20 centrales eléctricas a carbón y el FDP no está de acuerdo, pero es la única formación que garantizaría suficientes escaños en el nuevo Parlamento dijo la emisora ​​alemana ZDF.

Todos los partidos rechazaron trabajar con AfD.

El partido aprovechó la reacción contra la política de Merkel en torno a los migrantes y refugiados, muchos de ellos de países devastados por la guerra y principalmente musulmanes, como Siria.

Su programa es anti-inmigrante, y particularmente anti-islam. Solicitó que se prohíban los minaretes (las torres altas de las mezquitas) y consideró al Islam incompatible con la cultura alemana.

Además, varios de sus candidatos han sido vinculados a comentarios de extrema derecha.

Mientras tanto, Beatrix van Storch, una de los líderes del partido, dijo que el resultado cambiaría el sistema político en Alemania, dando «una voz» a las personas que ella dijo no estaban representadas en el último parlamento.

«Empezaremos los debates sobre la migración, comenzaremos los debates sobre el Islam, comenzaremos los debates sobre una unión cada vez más estrecha».

AfD pide que se establezcan normas de asilo más estrictas para frenar el abuso del sistema, incluido el veto a los pedidos de personas cuyos países de origen que se consideran «seguros».

Angela Merkel volverá a ser investida canciller de Alemania y lo será por cuarta vez consecutiva desde 2005.

Su partido, la Unión Cristiano Demócrata (CDU), en bloque con la Unión Social Cristiana (CSU), ganó las elecciones generales de este domingo 24 de septiembre, aunque con uno de sus peores resultados en décadas con 33% de los votos.

El socialdemócrata Martin Schulz (SPD) obtuvo un decepcionante 20,5%, víctima del auge de los ultraderechistas de Alternativa para Alemania (AfD), quienes con 12,6% de los votos lograron por primera vez escaños en el Parlamento.

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Pero a pesar su reducido margen de victoria, Merkel, una política tranquila y poco proclive a las estridencias, se acercará al récord de Helmut Kohl, quien tras haber pasado 16 al frente del país sigue siendo el mandatario más duradero de la Alemania posterior a la II Guerra Mundial.

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Se abre ahora el periodo de negociaciones para formar gobierno y, aunque no es seguro quiénes serán sus compañeros de viaje, Merkel estará al frente.

Aunque ella misma reconoció que esperaba un «mejor resultado», las encuestas vaticinaban esta victoria desde hacía meses.

Sin embargo, esta mujer de 64 años, física de formación e hija de un pastor protestante y una maestra, no parece encajar en los estereotipos de la política espectáculo.

Celosa de su intimidad, su familia y amigos se mantienen escrupulosamente al margen de la vida pública y su actual marido, el científico Joachim Sauer, mantiene una presencia discreta.

Muchos habrían dudado incluso del carisma de Merkel si no fuera porque sus victorias electorales y su aprobación constante -nunca en sus años al frente del país ha bajado del 46%, según las medidas mensuales del grupo de comunicación ARD- desmintieron esa impresión a base de hechos.

Pero ¿cómo llegó a mantener esos niveles de popularidad durante tanto tiempo? ¿Cómo se explica el éxito político de la canciller?

El investigador Matthias Dilling, experto en política alemana de la Universidad de Oxford, sugiere volver la vista a sus primeros pasos políticos para empezar a responder estas cuestiones.

«Su ascenso al poder en la CDU se basó en dos puntos. Uno, el hecho de que ella viene del Este y en el hecho de ser mujer, lo que la benefició gracias al sistema interno de cuotas. Y dos, el apoyo que recibió de Helmut Kohl», apunta el investigador.

Entre 1991 y 1998, Merkel ejerció como ministra de Mujer y Juventud y de Medio Ambiente en los dos últimos gobiernos de Kohl.

Durante ese tiempo, la política fue vista como una «protegida» del canciller, quien ser refería a ella como «mein Mädchen», «mi chica».

Pero esa situación cambió a finales de los 90, que marcaron el fin de la carrera política del histórico líder democristiano.

«Cuando Kohl fue desacreditado a causa de un escándalo financiero, ella hizo un movimiento muy hábil desde el punto de vista estratégico. Publicó un artículo en el que rompió con Kohl y llamó a una renovación del partido. Esto la mostró como una reformista», indica Dilling.

Tras su llegada a la Cancillería en 2005, esa imagen, junto con su capacidad para adaptar sus decisiones a las circunstancias de una forma pragmática, fue fundamental para mantener su popularidad.

En esos años, la nueva canciller empezó a ser apodada como «Mutti», madre en alemán: una figura conciliadora, fiable y preocupada por los suyos.

«Pese a este sobrenombre -que rara vez se usa hoy en día- el género de Merkel rara vez ha sido un problema. Rompió el techo de cristal, pero esto se refleja muy poco en su discurso político», escribió recientemente la corresponsal de la BBC en Berlín Jenny Hill.

La imagen del canciller se consolidó como la de una persona analítica. Para algunos, una virtud a la hora tomar medidas acertadas. Para otros, un lastre que la muestra como alguien poco resolutivo.

Su apellido, Merkel, llegó a ser utilizado en 2015 en la lengua coloquial como un verbo sinónimo de «demorar la toma de decisiones».

«Sus fortalezas pueden ser vistas a veces como sus debilidades. Por ejemplo su proceso de toma de decisiones hace que su estilo de liderazgo sea lento y esto puede ser una desventaja en situaciones de crisis. Por otro lado, es una forma de gobernar muy reactiva, no proactiva, y se le acusa de falta de liderazgo real, de gestionar el día a día sin una visión de futuro para Alemania», le dice a BBC Mundo Melanie Klintz, analista política en Leipzig.

Sin embargo, esta estrategia parece dar frutos a medio y largo plazo.

«Creo que aborda el proceso de toma de decisiones desde su experiencia como científica. Evalúa la situación, lee sobre ella, plantea posibles soluciones y desarrolla las más prometedoras. Este proceso está menos supeditado a un marco ideológico fuerte. Tienen en cuenta muchos puntos de vista antes de tomar una decisión», sugiere Klintz.

Quizá esta «distancia analítica» a la hora de abordar los problemas le ayudó a Merkel mantener un discurso central que generó cierto consenso en torno a sus políticas.

Dos de sus gobiernos -el de 2005 y el último, formado en 2013- consistieron en una «gran coalición» con el Partido Socialista (SPD), el rival histórico de los democristianos.

Esa política de pactos, además de aportar estabilidad política al país, derivó -quizá un efecto secundario imprevisto- en que parte de la opinión pública dejara de percibir a los socialdemócratas como una alternativa real a la canciller.

Otros, sin embargo, le reprocharon a Merkel falta de claridad en sus principios.

«Angela Merkel fue capaz de no permanecer anclada en la ideología y el programa tradicional de su partido, sino que aceptó el cambio cuando este era claramente demandado por la mayoría de la población. Desarrolló una habilidad para navegar entre los deseos de la opinión pública alemana», asegura Paolo Chiocchetti, investigador de la Universidad de Luxemburgo.

«Esto pasó hace unos años con su decisión de terminar con la energía atómica en Alemania después de Fukushima en un momento en que los Verdes estaban muy altos en las encuestas de opinión», agrega el experto en diálogo con BBC Mundo.

«Volvió a suceder en la crisis migratoria cuando abrió las puertas cuando la población estaba de acuerdo con los refugiados. Y hace unos meses con el matrimonio homosexual, que era una cuestión a la que su partido siempre se había opuesto».

No obstante, pese al castigo inicial en las encuestas, especialmente tras su decisión de abrir las fronteras a los demandantes de asilo en 2015, Merkel recuperó parte de su popularidad en todos esos casos.

Sin duda, la buena marcha económica del país -con un desempleo de alrededor del 4% y un superávit público récord- contribuyó de forma decisiva a mantener los altos niveles de aprobación del gobierno a pesar de estas oscilaciones.

La mayoría de los alemanes -según encuestas anteriores a las elecciones, cerca de un 60%- consideran que su país se mueve en una buena dirección.

Y, según demuestra la historia reciente, la estabilidad es en un valor político apreciado en Alemania, especialmente tras la II Guerra Mundial.

«Diría que hay razones institucionales y psicológicas que explican este fenómeno. En parte, la posición fuerte del canciller en la constitución alemana facilita la estabilidad», afirma Chiocchetti.

«Por otro lado, responde a una cierta tradición que se creó al principio de la nueva república alemana: tener un canciller de larga duración y un gobierno estable para evitar la inestabilidad política y así evitar las crisis de la República de Weimar», agrega el analista, en referencia al periodo histórico comprendido entre el fin de la I Guerra Mundial y la llegada al poder del nazismo.

En un contexto de cambios a nivel internacional después de las -para muchos inesperadas- victorias del Brexit en Reino Unido, de Donald Trump en Estados Unidos y de Emmanuel Marcon en Francia, los votantes alemanes volvieron a optar por la continuidad de Angela Merkel. Al menos hasta 2021

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